domingo, 10 de abril de 2016

Con VERGÜENZA… SINVERGÜENZA

Dorian García G.

Porque te quiero te aporrio
                                                                           -Dicho popular-

 
En aquellas "Parlamentarias" el país opositor no votó. Pero yo lo hice por ti, creí que sabía de tus cualidades altruistas. Entonces contabas con mi respeto. Fuiste mi único voto de confianza; me equivoqué.
 
Hace poco tiempo, por este medio, experimenté vergüenza ajena por quien, alguna vez, gozó de mi aprecio y hoy se manifiesta como antítesis de una persona honorable.

 

No faltó quien haciendo uso de su opinión, que respeto pero no comparto, surgiera en su defensa en términos de disgusto para silenciar mi voz de censura.

La respuesta automática de reproche a mis palabras a  quien es un personaje público, desacreditado nacional e internacionalmente, puedo entenderlas en virtud de la cercanía y afectos a este personaje. Personalmente, no puedo mas que desaprobar que me pidan hacer silencio o suavizar mi antagonismo a este tipo de escenarios de desentendimiento entre quienes sabemos como son las cosas de este régimen y su corrupción, creador de fortunas instantáneas de la llamada "boliburguesía".


Estoy claro sobre lo que significa el daño colateral. Me pregunto si el causante del perjuicio a todos los venezolanos, ese protagonista que sirve de soporte incondicional a la tiranía, ha pensado en su familia y la protege anteponiendo su desenfrenada pasión ideológica y su desmedido lucro personal por la crítica que necesariamente debemos hacer con los ojos inyectados de coraje. Será que debo ser considerado, quien debe hacer silencio y aceptar sus arrebatos lucrativos y de primera plana.

 
Quien respalda o acompaña a Nicolás Maduro, y su caterva de delincuentes en la aniquilación de mi patria, no es mi amigo, no puede ser sino un individuo al que debo señalar como culpable de los más despreciables epítetos al permanecer al lado y apoyan el presente, triste y demoledor de nuestra historia personal. No me retracto ni me permitiré en mi juicio flaquear, luego de más de 17 años de suplicio.

Quien sienta que ha sido ventajoso para su crecimiento personal y el de los suyos, deberá estar complacido y, de seguro… está “enchufao”. Mas aquél que soporta a un "amigo" en esta condición, no es solo un "sinvergüenza"; parafraseando a unos por ahí, es un "apátrida".

Aquí no hay medias tintas ni neutralidad; estás conmigo o contra mí.