domingo, 24 de febrero de 2013

A que el loro hable

La desaparición continuada de Hugo Chávez del escenario político nacional, le coloca en una condición de presidente no juramentado y a Nicolás Maduro como usurpador del cargo para ejercer las funciones de un gobierno que hasta la fecha es inconstitucional. Quién manda en Venezuela, quién firma los decretos que se han emanado desde la presidencia de la Republica.
Maduro, el candidato del régimen de facto, corre solo por más de dos meses decretando, con la venia de sus camaradas, la suerte del país. Por más de 70 días se llevaron a la isla antillana a Hugo Chávez, desinformando y dando partes quiméricos de su estado de salud, si aún la tiene, solo para hacerse del poder y planificar la instalación definitiva de un régimen que, sin piedad ni certificación de su autoridad, pone al país a pedir cacao.


La escalada política del régimen pretende adormecer la oferta democrática para sorprendernos una madrugada diciéndonos de una elección urgente. La alternativa democrática se ve en la urgente tarea de elegir responsablemente la opción de buscar un candidato firme y “molesto”, consustanciado con esa “molestia” que sentimos cuando vamos a hacer mercado, a encontrar medicina, cuando nos enfrentamos a la guerra diaria y los muertos por miles, cuando un dictador extranjero insulta al país con el aplauso de quienes se han hecho del poder de facto.


Más temprano que tarde, Luisa Estela Morales tendrá que explicar sobre la penosa situación en la que ha colocado al país. No se puede hacer tanto daño y gozar de impunidad.

Venezuela sobrevive a una suerte dictada desde fuera de sus fronteras. La inhabilitación de Hugo Chávez se debe producir en tiempo finito y la Unidad, como elemento de integración nacional, deberá desempeñar su mejor performance, en función de un país que se debate en el precipicio de su destino.

Ser pacientes se ha convertido en una eternidad; sentarnos a esperar que el loro hable no justifica la suerte de una nación. Todos de pie.