domingo, 24 de junio de 2012

El Bolívar ese. La cuña.

“… hasta que llegó el Bolívar éste,
primero Dios segundo mí comandante”
                                  -Andrés Ospino-

Descifrar un rostro no es tan difícil, luego de la clase magistral que nos diera Isaías Rodríguez, sobre todo cuando ese rostro va acompañado de declaraciones tan destempladas que pueden darnos una idea de cuan ruin y pobre puede ser un individuo.

Andrés Antonio Ospino es zuliano; es una mezcla de Francisco Carrasquero y Giovanny Vásquez. Pronuncia sus parlamentos hasta conmovernos, y es tan efectivo como el caballero Gouveia. Los rastros son notorios y el producto tan infecto como su miseria demandante de benefactores y sus ansias de poder... poder sacarle provecho a lo que queda de "revolución".
ANDRÉS OSPINO, EL NUEVO "TESTIGO ESTRELLA"

Ospino, como buen “testigo estrella” también tiene orígenes en la hermana republica y si bien tiene hijos de sus dos matrimonios, estos no son los que aparecen en el corto publicitario.

Nuestra fuente asegura que cobró dos mil BF por la puesta en escena. Antes, Ospino fue favorecido con una vivienda luego de la tragedia de Vargas, aún sin haber sido damnificado de la misma por vivir en el Zulia. Entonces, su primera esposa entra en problemas con la justicia y la pareja se separa.

No quisiéramos abundar más en el conocimiento del personaje y sus andanzas. Esto también lo podemos leer en su rostro henchido de miseria y oportunismos.

Según el informante no resistiría una investigación a la veracidad de su discurso. En su sinceridad Ospino terminará oliendo como Giovanny Vásquez cuando los medios indaguen la verdadera historia del nuevo testigo revolucionario. Ospino es un pobre hombre, presa del hambre infinita y destructora del régimen. La historia de Andrés Antonio Ospino es tan falsa como su amor.
 





Los autodesignados "legítimos herederos de Bolívar" han tratado de devaluar la figura del Padre de la Patria, asociándola a la trampa. Los “testigos estrella” de la revolución hilan tan burdamente sobre las pretensiones hegemónicas que la historia deberá abrir un apéndice especial sobre bufonadas, del tipo “aunque usted no lo crea”. Ospino es la caricatura del hombre nuevo que la revolución propone. Pobre hombre.


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