domingo, 11 de diciembre de 2011

NIÑO LINDO ANTE TI REVIENTO

El precio del… ¿talento?

Venezuela es un país secuestrado por el miedo y el oportunismo. La lección subyace en algunos individuos promedio, que juegan a ser favorecidos eternamente por el “dios sol”, y cuyas morisquetas pasan a ser sentencias de vida.

Definitivamente, chavista, que no recule no es chavista. A algunos se les agotaron los 15 minutos de fama. Entonces la pelazón alcanza las tripas y personajes como Huascar Barradas o Winston Vallenilla, entre tanto y para completar, acometen acciones que los llevan a derramar su incierta vergüenza.

Dignidad es altruismo. El hambre no puede ser motivo suficiente para arrastrarse ante un canalla. Quien apoya a un delincuente se convierte en su cómplice. Quieren una respuesta, sean machos carajo y no esperen que la “fiscala” del caso “HdP” les solucione su fermentada búsqueda de fama.

Subsistan con el apoyo de los suyos. Quédense con VTV, con el Teresa Carreño, con el dinero de PDVSA. Corran a lucirse en Bolivia, a descalzarse en Cuba, a chillar ¡familia! en Argentina y Nicaragua. Compongan para la revolución, para los héroes de Puente Llaguno y claro para la gloria del comandantepresidente. Frecuenten al Escarrá, a Jorge Rodríguez, al afrodescendiente Aristóbulo o al resto de los Noriegas venezolanos. Júntense con Mario Silva y Kevin Ávila y vayan a la UCV a lucirse con sus adláteres violentos; en fin hagan lo que quieran y que la historia les recuerde su espíritu nacionalista. Que esta sea su vergüenza.

Reúnanse con Pastor Maldonado y Maglio, con Dudamel o el “maestro” Abreu, con esa manadita que prefiere no ver la cruda realidad y cierra sus ojos ante la expectativa vana de que alguna vez le llegue un grano de maíz confiscado por el puño comunista. Poderoso caballero don dinero. Cuanta pobreza se necesita para lamer la bota de un dictador.

Pero recuerden que chavista no paga entrada para concierto alguno; no va al teatro, no va a un museo a menos que esté siendo usado como refugio, es decir, intelectual y mentalmente desligados de cualquier reseña de cultura o muestra de sensibilidad, cuando no oportunismo.

Que les vaya bien, nosotros seguiremos con nuestra visión de democracia intacta y cuando las cosas cambien, no nos vengan con el cuentico de que los engañaron, que no era un gesto político, que lo hacían como artistas. Asuman su responsabilidad como hombrecitos y no se escudan tras las faldas del arte.

Los presos a futuro, ahora, no arrastran pesadas bolas que los señalen como tal. Hoy exhiben un sequito de aduladores que arrastran su dignidad para cargar su lastre. Los jalabolas han regresado junto al poder omnívoro de un gobierno autoritario que exhibe comportamiento perturbado y que pretende eternizarse en poder dictatorial ¡Que vergüenza!

No hay odio, hay mucha decepción. Subsistan como jalabolas, evidencien su verdadero rol ya sabemos a que atenernos. Que sienten que los juzgamos; no amigos, ni siquiera lo han degustado, pero recuerden que por más que se justifiquen… plátano maduro no vuelve a verde.


“No hay nada más peligroso que la verdad”