sábado, 15 de octubre de 2011

Miraflores huele a azufre y transición.

¡Troya no arderá!

No soy afecto al presidente pero, al solo echar una mirada de su apariencia actual, lamento su situación. El hombre ha cambiado y evidencia una condición, no certificada, impresionante. Con sinceridad, ver su quebranto es lamentable; el tipo está enfermo.

Mientras, en Palacio, “delfines” chocarreros tratan de hacer meritos para asegurar que el coroto no se les escape. Es un espectáculo deplorable, las focas se disfrazan y compiten por el favor del jefe; la presa está en el trono y la ambición le hace muecas.


Corresponde ser compasivos cuando percibimos su paulatina e inocultable transformación que conjeturamos sea producto de un mal que, hasta ahora, nadie ha certificado. Lo cierto es que él tendrá que afrontarlo y el país debe prepararse a sustituirlo como incumbe.

Humanamente es lamentable. Muchos hemos tenido experiencias cercanas con situaciones similares. El rey Sol trata de superar su condición y no estará lejos el día que trate de parecerse al que era. Lo cierto es que lo inevitable ronda en el ambiente y alguien pronto toqueteará una de sus frases favoritas; “por más que te tongonees…”

Pero aun cuando sea incuestionable su condición, el señor Chávez no da su brazo a torcer y se esmera en demostrar a la nación que su recuperación es inminente. La etapa de negación de su estado de salud, incorpora en la colectividad un estado de intranquilidad que debe ser superado en el entendido de que el estado de salud del jefe del gobierno no será el fin del país. Lo que el presidente confronta, no se supera con una pastillita en un CDI. En el país, la situación de ingobernabilidad y desahucio es insostenible. La nación reclama atención, compromiso y amor patrio.

Hay quien vive su ilusión de eternidad y, aun cuando presiente su hora final, el delirio de poder pareciera ejercer una siniestra atracción que arrastra con su mejor trascender y su dignidad. Con él nada podemos hacer, todo lo indebido lo ha hecho.

Pero algo tenemos por seguro, Troya no arderá. La vida continúa. ¡Tic-tac, tic-tac! “Good bye my friend”.