miércoles, 22 de junio de 2011

LOS LÍMITES DEL PODER. Cuando el río suena

El poder tiene sus límites inscritos y formales en la Carta Magna. Hugo Chávez, por más de doce años, se ha hecho de poderes ilimitados y hoy se apunta por encima de la Constitución, la viola reiteradamente, presume y hace mofa de ello. Chávez manda desde la soberbia, para la anarquía.

Si, hoy Chávez vuelve a burlarse del pais y presumir que es omnipotente para no rendir cuentas razonables, o por lo menos dar una versión oficial, que aporte datos creibles de su estado de salud. Esta extraña desaparición puede ser una estrategia en su beneficio. Lidiamos con un caso limite, con un sicótico habido de poder y reconocimientos que ha conformado tras de si un culto a la personalidad, empujado por una legión de autómatas ciegos a una causa vacia y futuro estéril. El absurdo nos hace victimas. Quíén recuerda o añora a Hitler, alguien se guía por Mao...¿? Vaya memoria la nuestra.


La desaparición de lo institucional y del estado de derecho en la Venezuela de hoy es un espectáculo lamentable. En Venezuela no existe gobernabilidad, con o sin Hugo Chávez, y eso deberá ser corregido prontamente ante las dudas que crea una determinación con la que la Nación no se ha conectado más allá de la devoción de un sector y la tensa calma de otro que exige claridad y respeto.

La presunción de gobernar al país desde Cuba es una humillación al pueblo venezolano que deberá tener consecuencias en un cercano futuro.

Chávez, está mandando por ahora. Los venezolanos somos vigilantes de una situación que, lejos de ser legal, podría colocar la institucionalidad en entre dicho y llevar al país a demandar reconocimiento y respeto a sus derechos, y en ejercicio de estos solicitar que se aclare, letra constitucional en mano, lo estipulado referente al mandato constitucional y sus limitantes en situaciones irregulares como la actual.

Nadie está preparado para lo que puede suscitarse si la estrategia de desinformación continúa. Hay quienes creen haber tomado a Dios por las barbas. ¡Cuidado con los cachos!