martes, 29 de abril de 2014

VENEZUELA; libertad… o nada



En Venezuela, la justicia como una institución autónoma ha desaparecido. Es historia reciente que María Corina Machado, la parlamentaria venezolana más votada en el país, ha sido despojada de su cargo por un individuo colocado por el régimen cubano, hasta llevarlo forzosamente a presidir el parlamento venezolano.
 
Diosdado Cabello, un ex capitán del ejército dado de bajo deshonrosa por su participación activa en el intento de golpe de Estado al presidente Carlos Andrés Pérez, es un individuo enriquecido a la sombra del gobierno de Chávez y la complaciente “vista gorda” del ejecutivo, al cual maneja a placer como nómina personal, convirtiendo la institución en poco menos que una ficción.
 
Nicolás Maduro es una de las caras de la moneda; la otra. Un operador de las órdenes emanadas desde la isla caribeña. Figura como el verdugo de la protesta que mantiene en vilo a, por lo menos la mitad de, un país que prefiere morir a ceder su derecho a la libertad.
 
OEA, Insulza… la misma cosa
El conflicto venezolano, mantiene al régimen de Maduro y a los estudiantes venezolanos enfrentados en una lucha antagónica a la cual la comunidad internacional pareciera no tener respuesta. Lo extraordinario es que la Organización de Estados Americanos (OEA), debería cumplir un rol clave de mediación y protección a los Derechos Humanos de los ciudadanos amenazados por la violencia del Estado.
 
Una vez más la conducta asumida por Insulza da muestras de un evidente engolosinamiento a favorecer el estilo escandaloso y desparpajado que ha convertido al régimen venezolano en un mercader de conciencias. El manejo expedito y la urgencia brindada a los casos de Honduras y Paraguay, diferencia de manera obvia el comportamiento del señor Insulza frente a la crisis venezolana.
 
Insulza colocó la decisión del amparo a la orden del Foro de Sao Paulo. Las decisiones que se determinan en este Foro, se hacen de manera conjunta con Cuba y la mayoría de la UNASUR. La responsabilidad política que registra la historia con la decisión asumida por la mayoría de los países latinoamericanos es insólita.
 
Expresar que en Venezuela no hay méritos para aplicar la Carta Democrática, es una desvergonzada falta de ética. Innumerables heridos y desparecidos como producto de los enfrentamientos, son ignorados por el mundo. Pero la realidad es que este conflicto amenaza con ser el más trágico acontecimiento en la historia contemporánea de Venezuela.
 
¡Oh guerra inexorable!… todos hemos perdido.