lunes, 6 de mayo de 2013

Ni a cara, ni a cruz

Dorian García G.


La orientación de las políticas mostradas por el régimen militarista venezolano, luce sin tener un norte predecible. Venezuela está sumergida en un profundo caos, donde los responsables siguen sin encontrar una solución orientada a satisfacer las necesidades de la población.

El viacrucis diario para conseguir los productos de primera necesidad, se ha consolidado como una misión imposible de precio infinito. El país se ha convertido en una interminable “cola cubana” de insatisfacciones y humillación al ciudadano, donde la respuesta habitual del “no hay” es intolerable.

La degradación ha sido de tal magnitud, que nuestro signo monetario se considera un elemento sin solidez ni rango sustentable en la economía de este planeta. El otrora poderoso “bolívar” pasó a denominarse “bolívar fuerte” solo para con ello crear una confianza ilusoria sobre las erradas políticas socioeconómicas del régimen. Aquella moneda se ha transformado en un monumento a la infamia. Con ella nadie apuesta, ni a cara ni a cruz.

$30.000 MILLONES INVERTIDOS


Los venezolanos no podemos escoger. La capacidad productiva en Venezuela ha tocado fondo. Nos hemos convertido en un país de mendigos, asediado por estafadores internacionales. Ellos, ligados a la diplomacia internacional, muestran su verdadera naturaleza; son pillos de oficio, verdaderos vampiros que prefieren permanecer confesos y babeantes tras el botín de nuestro tesoro nacional, cuya verdadera misión es la defensa de un régimen de facto

Está en el aire. Para disuadirnos de hacer los reclamos pertinentes a nuestros derechos ciudadanos, el gobierno hegemónico exhibe la violencia, la violencia y la impunidad como armas disuasivas y con ella está dispuesto a defender su férrea posición, sin escrúpulos; caiga quien caiga.

El 30 de Abril, el poder hegemónico se expresó de las formas más cínicas y cobardes. Todo respondía a defender el fraude perpetrado el 14 de Abril y que desde la Asamblea Nacional, con una sonrisa, ordenó el atropello. Pero cuidado, luego de más de catorce años de abusos, la paciencia no se hará huésped del grito de libertad. La hora se acerca. Quién dijo miedo. ¡Ya basta!
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Intervención de Parlamentaria peruana
LOURDES FLORES