domingo, 10 de julio de 2011

El delirante y su “patria grande” encapsulada

Algo huele mal en Dinamarca

La megalomanía del tipo es ya insoportable. Ahora se inventó una de lastima y dolor a su disque enfermedad nunca comprobada, o al menos verificable, por un procedente y necesario parte médico de interés público.

La escena es ridícula por lo forzada. Comenzó en la rodilla y luego derivó en un tumor que se convirtió en acceso pélvico y esto a su vez en un extraño cáncer que pareciera haber sido extirpado milagrosamente. Es que eso solo pasa en este Disney bufo de Tribilín y sus amigotes.

Lo cierto es que la supuesta enfermedad ha sido convertida en parte de su “batalla”. El remate es mantener al país paralizado. Vivimos sumergidos en una extraña película de terror, de visos tragicómicos. Una pesadilla de la que pareciera no pudiéramos salir y ante el seguro despertar en el 2012, pretenden anestesiarnos informativamente. Es la innegable acción del gobierno poniendo de manifiesto su cerco represivo.


“¡Vengo a controlar las pasiones!”
El “mito Chávez” se despliega por un país en vilo. A nadie hemos visto salir a escena luego de una intervención de la cual se supone haya sufrido un individuo que, ciertamente, resulta repotenciado.

Algo huele mal en Dinamarca. Chávez advierte que el país se escapa de sus hilos por las peleas intestinas de sus camaradas y ante una verdad indiscutible; Venezuela quiere un cambio y se prepara para dar la pelea democráticamente.

Para el gobierno los escenarios son diversos; se resumen en una organización en función de cubrir todas las expectativas, es de vida o muerte. Lo cierto es que la “revolución” debe morir con las botas puestas y bajo cualquier artimaña tratan de remontar un revés irrebatible. Los componentes chorrean silencio, discreción y la traición a al patria está implantada en los sesos de algunos podridos de vergüenza. No lo lograran.


Cáncer y Patria grande
Venezuela está tan encapsulada como el tumor del cuento. Si seguimos con la patraña le vamos a dar la razón a la historia tolerada en los últimos trece años. Somos un país paralizado que aún no entra al siglo XXI, gracias a un individuo atrasado cuyas referencias andan por el siglo XVIII.

Creemos que la oposición deberá continuar con su agenda, sin someterse a las mañas expertas en perversidad del timonel del bodrio ese que llama “revolución”. El mensaje de idolatría que nos ha empujado sobre “aquel gigante que ya superó todos los tiempos y todos los lugares”, apesta tanto como el nuevo cuentico chimbo que presume de tocar nuestras fibras de compasión. Si, tenemos un cáncer desde 1998 ¡Ya basta de pendejadas! Falta poco.


¡UNIDAD!