El ministro de Energía y Petróleo de Venezuela, Rafael Ramírez, brindó un discurso desabrido y bobalicón ensalzado de pavor y autoprotección por lo que podría sobrevenir. Habló de independencia y soberanía como tratando de convencerse a si mismo del peligro que corren sus propias finanzas. Entonces elegantemente concluye: "Somos serios y seguiremos enviando petróleo a Estados Unidos".
Solo cavilar que “el imperio” dejaría de pagar el petróleo, sería la debacle y entierro de los planes de los camaradas revolucionarios encajados en las ubres de la depredada economía nacional. Debemos estar claros, estamos en manos de un lote de ladrones que solo se ha preparado para el oportunismo.
¡Banana Si, banana No!
Aristóbulo por su parte gritaba “Nosotros vendemos petróleo a quien nos de la gana (banana), porque somos soberanos”. Claro que esta declaración es reflejo de la posición homérica del héroe del museo militar, vaya bufonada. Otro personaje enganchado en la tragicómica es el bachiller Maduro, pero este casi no merece revisión en su vana agenda autobusera.
Hoy el petróleo venezolano está en manos y libre albedrío de una pandilla de hampones. "Si lo queremos regalar es nuestro", es una expresión que delata sus mas intimas pretensiones.
El pillaje, sello y práctica usual de la caterva robolucionaria, es usualmente cubierta con estallidos de patrioterismo, que invoca una soberanía que no defiende e insólitamente paga para que nuestro territorio sea invadido por legiones reincidentes, individuos atrapados en su devenir por más de cincuenta años. ¡Ay Machurucuto; de nada serviste a nuestra memoria!
Sin venta de petróleo al “Imperio”, no habrá revolución. A bombear pues, pa´seguir la rumba… hasta tanto puedan.









